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domingo, 29 de noviembre de 2015

De mi niño interior I



MIEDO AL CAMBIO






Es increíble el miedo que produce cambiar. ¡Claro!, nos educaron con el criterio de que el NO CAMBIAR era sinónimo de:

-Madurez.

-Estabilidad.

-Equilibrio.

-Estar centrado en la vida.

-Saber lo que se quiere.

-Seguridad en sí mismo.


Nos dijeron que quien cambia es “inestable”, inmaduro, que todavía no ha crecido, que no sabe lo que quiere, que está disperso…  porque el ideal de vida, para la sociedad, es un mundo quieto, es decir:

-Vivir en la misma casa.

-Recorrer la misma ruta diaria.

-Hacer lo mismo en el tiempo de ocio.

-Permanecer en el mismo colegio.

-Tener la misma pareja (aunque no te sientas tú el mismo ya).

-Durar en el mismo trabajo (aunque ganes poco y no te sientas valorado).

-Amarrarse al mismo barrio, ciudad y/o País.

… todos considerados sinónimos de estabilidad.



¿Y qué decir de las IDEAS o las CREENCIAS? Nos inculcaron que es bueno tener los mismos valores, los mismos criterios, LA MISMA MENTALIDAD. Nos transmitieron inconscientemente, que atreverse a innovar era una “locura” y que era más importante permanecer como estamos que arriesgar, que más valía lo malo conocido que lo bueno por conocer… y que así había sido siempre.

Nuestra sociedad valora lo estático, que “no produce desorden”, antes de romper esquemas y arriesgarse a que la vida sea diferente. Esta visión hace que muchas veces suframos, porque lo que una vez fue valido o positivo quizás ahora no lo es, y si seguimos creyendo o siguiendo a pies juntillas esos conceptos y creencias no revisados ni flexibles, y aplicándolos a nuestras vidas pensando que es lo que nos beneficia, solo puede crecer el malestar y nuestra perplejidad al ver que algo está fallando y no saber que es.







LA ZONA DE CONFORT:

Es el conjunto de creencias y acciones a las que estamos acostumbrados, y que nos resultan cómodas. Aquello que está dentro de nuestra zona de confort lo podemos hacer muchas veces sin mayor problema y no nos produce una reacción emocional especial; en cambio, lo que está fuera de nuestra zona de confort nos incomoda, nos produce un cierto rechazo, nos provoca ansiedad o nerviosismo.

Esto tiene un sentido evolutivo muy claro: no hacer cosas que nos son extrañas, para las cuales no nos consideramos totalmente capacitados, y que posiblemente nos van a poner en peligro. Si no nos ponemos en peligro estaremos seguros, así que cuando permanecemos dentro de la Zona nos da una sensación reconfortante de seguridad. La desventaja es que si permanecemos dentro de la zona mucho tiempo, estaremos estancados, no progresaremos.

“Yo soy así y así he sido siempre”, “es muy difícil cambiar”. Son comentarios que escuchamos con mucha frecuencia, con los que en realidad simplemente tratamos de apaciguar nuestro malestar interior actual y con los que JUSTIFICAMOS el no dar un paso adelante en nuestras vidas, cuando incluso intuimos que ese movimiento podría mejorarlas notablemente.




Aunque decimos y nos decimos estas frases, si analizas tu forma de actuar en estos momentos y la comparas con la de hace 10 o 20 años, seguramente notarás la diferencia en muchos aspectos. Comprobarás como no siempre fuiste como ahora eres y que el cambio, la mayor parte de las veces, no es tan difícil ni tan traumático como tememos.




Salir de la Zona de Confort es una actividad muy importante para CRECER COMO PERSONAS. Mientras que la mayoría de la gente se estanca, porque no les gusta cambiar sus rutinas, aquellos que de verdad persiguen sus sueños y están dispuestos a conseguirlo, saben que para lograrlo tienen que:

-Romper con sus hábitos.

-Enfrentarse a sus temores.

-Hacer cosas que jamás pensaron que se atreverían a hacer.

El cambio nos da miedo, porque:

-No sabemos cómo manejar situaciones nuevas o diferentes.

-Puede provocar algún tipo de pérdida, ya sea física, moral, emocional, etc.

-Podemos equivocarnos y ser criticados por los DEMÁS y/o por NOSOTROS MISMOS.

-La falta de control que sentimos nos angustia. Nos solemos relacionar muy mal con lo que no nos es familiar.






¿Qué escoger? Arriesgarse o permanecer, he allí las alternativas. Entendiendo que en más de una situación el cambio exterior no produce los resultados que anhelamos porque los problemas no son tan sólo geográficos, o de ambiente, o de la persona que nos acompaña, o de la ciudad o del país en el que habitamos. He de cambiar y arriesgarme, pero también debo manejar internamente la flexibilidad para no apegarme, para fluir, para atreverme.

Ningún cambio duradero es rápido o instantáneo. Los cambios necesitan cocción.  Se trata de cambiar, no de desbordarse o precipitarse a lo loco. En el cambio no se usa el ultrarrápido horno microondas sino fogón de leña.













ESTANCARSE = MUERTE EN VIDA:

Aunque nos impacte esta afirmación, lo que permanece quieto en la vida es porque está muerto. Lo único que no acepta cambio es la muerte. Sorprende cómo los seres humanos dicen tanto de su personalidad a través de su necesidad o resistencia a los cambios. Hay personas “MUERTAS” EN VIDA que no se atreven a cambiar, y para los que implica un riesgo incluso cambiar:

-La ruta hacia el trabajo.

-Lo que comen.

-La manera en la que se visten.

-La posición de los muebles por casa.

-Hacer algo distinto en el fin de semana.

Cuando no se acepta, la resistencia al cambio se convierte en enfermedad. A las buenas o a las malas, el mundo se mueve y el cambio no consulta. ¡Simplemente se da! O me subo al carrito del cambio o el cambio me atropella.

La manera de enfrentar el cambio, depende, en gran parte de nuestra autoestima:

-Cuando nos sentimos seguros y capaces, vemos el cambio como un reto o una motivación positiva.

-Cuando nos sentimos incapaces o poco valiosos, el cambio nos disgusta e incluso nos asusta, nos horripila.

-Nuestra manera de enfrentar el cambio depende de lo que aprendimos durante la infancia o ante ciertas situaciones dolorosas. Pero siempre podemos aprender a enfrentarlo de manera positiva, aprendiendo de él y mejorando nuestra vida.

Lo importante es NO tenerle miedo y MODIFICAR las ideas y creencias falsas y nuestra forma de pensar equivocada, que han mantenido ese miedo.



Conciencia cuántica

jueves, 24 de septiembre de 2015

Del libro "De qué hablo cuando hablo de correr"- Haruki Murakami IV



Correr es  Filosofía

Levantarse al alba, ignorar la lluvia o el frío intenso, recorrer la distancia planificada o el tiempo programado después de una jornada laboral. Obstáculos que resultan insignificantes ante nuestro objetivo, realizar nuestra sesión diaria. ¿Qué puede empujarnos a dicha actividad? ¿Qué objetivos y motivaciones nos impulsan a empezar o acabar el día devorando kilómetros de forma altruista, sin una meta aparentemente clara? ¿Somos los corredores unos solitarios por elección, unos incomprendidos, unos locos? Cierto es, que como en muchas facetas de la vida, la carrera a pie tiene su propia filosofía y cada individuo la adapta a sus costumbre y forma de vivir, tanto ideológicamente como socialmente. Resulta sorprendente observar como esta actividad deportiva ha sumado adeptos y partidarios en los últimos años, pues no hace mucho era extraño ver alguna que otra persona trotando por las calles y parques de las ciudades.







Pero ¿realmente la carrera a pie tiene una filosofía propia? Si debo exponer mi opinión personal, cuestión que en este aspecto es la única que puede argumentarse en este texto, la respuesta es indudablemente afirmativa. Tiene su filosofía propia en la medida que se traduce en una forma de vivir y entender todas las facetas cotidianas. En esta forma de vida entran en juego muchos aspectos que son modificados de alguna manera por la actividad deportiva. Desde la alimentación, el sueño, los hábitos higiénicos y de salud, la actitud de enfrentamiento ante los problemas diarios, etc. 








Son muchas las personas que notan un cambio personal e inconsciente en su forma de ver y afrontar la vida cuando inician una práctica deportiva y en este caso, la carrera a pie, el atletismo de fondo o el "correr por correr".

Es una manera de encontrar un tipo de paz interior y reflexión que mejora nuestra visión de la vida, logrando, durante el tiempo de la carrera, una liberación de presiones exteriores que en muchas ocasiones, y como consecuencia de una práctica continuada, prevalece más allá de ese momento.

Correr puede convertirse en algo necesario, imprescindible en la vida del corredor, de tal forma que la ausencia de esta rutina, deja un vacío que puede llegar a afectar al carácter de forma puntual. 






No obstante no debemos entender esta afirmación como algo que se deba sufrir, que tome un cariz demasiado angustioso. Simplemente, como una sensación que se puede llegar a tener con cualquier otra actividad, deportiva o no, a la cual dedicamos parte de nuestro tiempo diario.

El truco consiste en no obsesionarse con esa sesión de entreno no realizada o con ese tiempo de dedicación a nuestra actividad física diaria. Por lo tanto he aquí un primer consejo:






Corre, si, pero no te obsesiones.







Ni que decir tiene que todo esto debe abordarse desde un punto de vista muy distinto dependiendo de la importancia que la actividad deportiva tenga en nuestra vida.

El deportista profesional, y en este caso, el corredor profesional, no puede aplicar todas las formas de esta filosofía con un aire relajado, pues de su rendimiento depende, en gran medida, su futuro a medio plazo.


Sin embargo, el corredor aficionado, aquel que desarrolla la carrera a pie como un medio para encontrar un punto de equilibrio mental y corporal, debería intentar aprovechar tal oportunidad para ahondar en sus limitaciones y en sus posibilidades sin presiones, disfrutando el momento. 






Enfocar la carrera de fondo como la causa de una filosofía especial, seria, quizá demasiado presuntuoso. Pero si entendemos esta idea aplicada a una forma de vida, toma un sentido determinado y especifico. Cuando se empiezan a dar las primeras zancadas y se va notando la necesidad día a día de volver a repetir el momento, de volver a recorrer más distancia, de encontrarse uno mismo en una especie de mundo distinto, a sentirse especial, en ese instante, uno empieza a ser un corredor, no importa el nivel, se es corredor, simplemente. 











Se habla de la soledad del corredor de fondo como algo mitificado, no obstante dicha soledad existe, un estado donde uno se encuentra a solas con sus pensamientos, una especie de nirvana que nos hace ser uno con el entorno. Ese estado solo puede alcanzarse cuando se llega al disfrute por correr, cuando los kilómetros dejan de ser nuestros enemigos y pasan a formar parte de nuestra vida diaria. Poco a poco vamos descubriendo nuestra filosofía personal. Correr a ninguna meta, correr por correr, descubriendo nuevos caminos interiores y personales, buscando, en ocasiones, una soledad acogedora. Personalmente en muchas ocasiones me he sentido acogedoramente sol.

Texto retomado de: http://www.mundoatletismo.com/Site/atletismopopular/02192b988d108d201.html

miércoles, 1 de julio de 2015

Alicia en Chiapas.




ALICIA Y CHESHIRE 
"-Minino de Cheshire, podrías decirme, por favor, cómo hago para salir de aquí, ¿qué camino debo tomar?
-Eso depende del lugar al que quieras ir.
-La verdad es que me da igual.
-Entonces da lo mismo cualquier camino que sigas.
-Bueno, siempre que llegue a alguna parte.
-¡Ah!, eso es seguro que suceda, si es que caminas lo suficiente.

Alicia entendió que ese argumento no podía ser rebatido, por lo que decidió cambiar de tema:

-¿Cómo es la gente que vive por aquí?
-En esa dirección -dijo el gato, señalando con la pata derecha- vive un sombrerero, y por ese lado -hizo una seña con la pata izquierda- vive la Liebre de Marzo. Puedes visitar a cualquiera de los dos, ambos están locos.
-Pero yo no quiero visitar a los locos.
-¡Ah!, eso no podrás evitarlo, pues aquí todos estamos locos; yo estoy loco, y tú también estás loca.
-¿Por qué dices que yo estoy loca?
-Si no estuvieras loca, no estarías aquí..."